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Año 4 No. 8 Marzo 2004

El Arte de la Oratoria
(2da Parte)

Por: Abel Cortese

 

En la anterior edición de esta revista hablábamos sobre la importancia de la oratoria, las clases de discursos, clases de oradores y las características de la voz entre otras cosas. En esta edición, completamos el mencionado artículo con algunos consejos sobre los cuales se debe basar un orador para tener éxito en su presentación:

La preparación

“Todo discurso bien preparado está ya pronunciado en sus nueve décimas partes” (Dale Carnegie)

Si se quiere hablar bien hay que pagar el precio debido. Hay que trabajar, pensar
y practicar. Nadie ha encontrado nunca un sustituto satisfactorio para la inteligencia, ni para la preparación.

“Si tengo que dirigir un discurso de dos horas, empleo diez minutos en su preparación. Si se trata de un discurso de diez minutos, entonces me lleva dos horas.... Así se expresaba nada menos que Winston Churchill.

Además del qué se dirá, es enorme la importancia del cómo habrá de decirse.
Y aquí interviene lo más importante que puede esgrimirse en un diálogo o un discurso: el arte de interesar. En la preparación de una clase o discurso hay que dar mucho más tiempo a buscar medios de suscitar el interés que el que se dio al estudio del tema.

La buena preparación también aumenta la claridad de nuestro pensamiento y de nuestra expresión. Recordemos el viejo aforismo que dice: “Si la fuente nace turbia, no irán claros los arroyos”.

Las pausas

Considere el uso de la pausa como un arma de gran importancia en el arsenal que representa el dominio del ritmo. El espacio entre palabras, frases o pensamientos, no se debe “emborronar” con sonidos tan desagradables como "eee...". Utilizar "eee..." o "mmm...", es humano; pero utilizar la pausa, desnuda de todo sonido, es divino. El elemento más difícil, de mayor utilidad y menos apreciado en el arte de la oratoria, es el silencio. La pausa correctamente medida, demuestra confianza y reflexión. A la inversa: los presentadores de cualquier medio que se despachan con demasiada velocidad, llegarán último.

Las pausas son un excelente recurso para enfatizar. Permiten también mantener y controlar la atención.

Algunos consejos a tener en cuenta

• No distraiga al auditorio con algún detalle de atuendo, o al jugar con algún objeto.
• No diga absolutamente todo lo que se sabe, para permitir al público hacer preguntas y participar.
• En una conversación múltiple, ligar lo que se va a decir con lo último que se dijo.
• No olvide que la articulación o pronunciación es de capital importancia. Si
advierte dificultades en esto, procure escucharse en una cinta para precisar
sus defectos.
• Tenga cuidado con las muletillas, los términos de relleno trillados, las expre-
siones restrictivas o negativas ("puede que no esté de acuerdo conmigo", "puede que no sea lo que usted esperaba", etc.).
• El mejor lenguaje es el directo y afirmativo. También el coloquial.
• Use un estilo inclusivo, haciendo participar al o a los interlocutores.
• Si es de su conocimiento, vincule el tema del que va a hablar con aquéllo por lo que los oyentes sienten mayor interés.
 
Exprésese siempre en forma positiva

El Dr. Herbert Clark, psicólogo de la Universidad John Hopkins, hizo el sorprendente descubrimiento de que a una persona común le lleva un 48 por ciento más de tiempo comprender una frase en forma negativa que en forma positiva. Por lo tanto, se confirma científicamente algo que se sabía en forma empírica: la más eficaz comunica-ción consiste en hacer afirmaciones positivas.

Visto esto, comenzar una exposición siempre con frases positivas. Y si es necesario dar un mensaje negativo a una persona, para amortiguar su impacto rodearlo con frases positivas.”