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Año 4 No. 7 Agosto 2003

El Arte de la Oratoria (1ra parte)

Por Abel Cortese

Un hombre de fuerza e inteligencia extraodinaria puede ser no más
que un cero en la sociedad si no sabe hablar (William Channing)

 

La oratoria es el arte de hablar elocuentemente de persuadir y mover el ánimo mediante la palabra. Timón, un antiguo autor griego, dijo que la elocuencia es la habilidad de conmover y convencer. Aquí usamos el término oratoria en su acepción y uso mas amplio, no meramente el de hablar a grandes auditorios, sino estableciéndolo como sinónimo de expresión oral de una persona.

La importancia de la oratoria

Entre los grandes jefes que condujeron pueblos o dejaron su impronta en la historia de la humanidad, ha habido algunos ciegos y algunos sordos; pero nunca un mudo. Saber algo no es idéntico a saber decirlo. Esta es la importancia de la comunicación oral.

En los negocios o cualquier otra actividad de interrelación, la forma en que hablemos, en que nos comuniquemos, será el patrón por el cual se nos juzgará, que nos aceptará o rechazará.

Hablar con orden, con claridad, con entusiasmo, con persuasión; en resumidas cuentas, con eficacia no es un lujo sino una necesidad. El 90% de nuestra vida de relación consiste en hablar o escuchar; sólo el 10% en leer o escribir.

Si la imagen que usted quiere dar de si mismo/a es la de una persona que sabe hacia donde va que tiene una actitud positiva hacia la vida, ideas dinámicas y don de gente, el lenguaje es el principal instrumento que deberá utilizar para transmitir esa imagen a quienes le rodean.

En una encuesta realizada en los Estados Unidos, investigando las diez cosas que mas temor le producen a la gente, se obtuvo el siguiente resultado(en orden ascendente): los perros, la Soledad, el avión, la muerte, la enfermedad, las aguas profundas, los problemas económicos, los insectos, las sabandijas, las alturas y, el primero en la lista, hablar en público.

El buen discurso en un medio de servicio para los semejantes, y es una tarea ardua. Hay que reconocer que quien dice un discurso asume una gran responsabilidad. Al margen de otros aspectos, conviene tener presente que una persona que una persona de 30 minutos ante 200 personas de una organización, desperdicia solo 30 minutos del tiempo del orador; en cambio, arruina 100 horas de trabajo de esa organización - es decir mas de 4 días- lo cual deberá generar mas responsabilidad que la que usualmente se advierte.

 

Tres clases de discurso

Se considera que hay tres clases de discursos, según la finalidad:

1) Discursos destinados a informar.
2) Discursos destinados a la acción.
3) Discursos destinados a entretener.

 

Tres clases de oradores

Hay tres clases de oradores: aquellos a quienes se escucha; aquellos a quienes no se puede escuchar; y a aquellos a quienes no se puede dejar de escuchar.

 

Las tres partes básicas del discurso

1. Introducción o Presentación;
2. Desarrollo del tema
3. Conclusión (parte en que se "remacha" el objetivo y se lo deja Perfectamente fijado).

 

Dramatizar lo que se comunica

Dramatizar algo es darle acción. Y eso puede hacerse de distintos modos. Se puede dramatizar mediante el uso de un diálogo, imaginario o real (con el publico o un interlocutor). También haciendo una cita de alguna figura muy famosa, o efectuando una narración, o dando un ejemplo personal, mostrando un objeto, formulando una pregunta impresionante, o realizando una afirmación sorprendente...

La dramatización como otros recursos, está dirigida a despertar la curiosidad del público.

 

Características de la Voz

  • El tono: suave, duro, dulce, seco, autoritario, etc.
  • La altura: grado entre agudo y grave. El primero suele asociarse con un estado de agitación o alteración, el segundo con climas de mesura y afecto.
  • El ritmo: la velocidad con la que nos expresamos.
  • El volumen: con él demostramos si permanecemos tranquilos y controlados o hemos perdido la serenidad.
  • Evitar la monotonía. La inflexión inadecuada al comenzar o terminar la frase.

 

El modo de hablar

El modo de hablar incluye tono, la enunciación, la pronunciación, el volumen y la corrección de las palabras que se usan. También incluyen el aplomo con el que hablamos, y el control que tenemos de nuestros ademanes, y el contacto ocular que mantenemos con los interlocutores o el público.

Este artículo continuará en la próxima edición de enConcreto...