Fuente:
La Razón, Jueves 5, mayo
2005
PARQUE • Este espacio recreacional,
el más grande y mejor equipado del altiplano, es
parte del programa Cultura para el Desarrollo.
“¿Ya puedo ir al resbalín
gigante?”, preguntaba el pequeño a su maestra
del colegio Ingavi, mientras su inquieto dedo apuntaba
al tobogán que forma parte del espacio cultural
y recreacional Jayu Phuch’u (vertiente de agua salada),
que fue inaugurado ayer en Viacha.
Con una inversión de $us 236.000
—financiados por el proyecto Cultura para el Desarrollo,
impulsado por la Corporación Andina de Fomento
(CAF), el Ministerio de Desarrollo Económico, la
Alcaldía de Viacha y la empresa Soboce—,
la nueva infraestructura cuenta con una diversidad de
atracciones en sus 10.000 metros cuadrados. Entre los
espacios más importantes se halla una pequeña
laguna, una cancha de beach voley, un teatro, una ciclovía
y una zona de juegos temáticos.
Los más beneficiados con la remodelación
del antiguo Parque de las Américas de Viacha son
los niños, quienes ayer fueron los protagonistas
en la inauguración del espacio recreacional, cuyo
diseño fue realizado por el artista plástico
paceño Gastón Ugalde.
“Este era el mingitorio sin techo
más grande del mundo, un botadero de basura y un
foco de infecciones”, rememoró Raúl
Choque, residente de Viacha.
Los trabajos de remodelación se iniciaron el 2004
y un 80 por ciento de la mano de obra provino de esa ciudad
altiplánica.
Entonces, los juegos se encontraban en
un estado de oxidación, incluyendo a su mayor atracción:
el tobogán. Ahora, bancos y mesas de hormigón,
30 basureros, señalizaciones peatonales, luminarias
y áreas verdes, convierten a Jayu Phuch’u
en el espacio recreacional y cultural más amplio
y mejor equipado del altiplano paceño.
Ayer, una decena de colegios del municipio
de Viacha participaron en el acto inaugural que contó
con la presencia de autoridades y representantes de las
instituciones y empresas vinculadas con el proyecto Cultura
para el Desarrollo, que tiene el objetivo de crear un
circuito turístico entre los pueblos de Viacha,
Tiwanaku y el lago Titicaca.
Vanos fueron los intentos de los directores
y maestros de los establecimientos por mantener a los
niños atentos a los discursos oficiales de circunstancia.
El deseo de los pequeños por estrenar
los juegos del parque pudo más. Así, de
a poco, los gritos y carcajadas de los niños silenciaron
los discursos y dieron paso a la fiesta y la diversión.
Quienes se robaron la atención
fueron los integrantes de la banda Buribandín,
de la Escuela Militar de Música Adrián Patiño,
quienes con pasos de salsa y vistiendo trajes del oriente
boliviano, deleitaron a las personas con sus ritmos tropicales.