Jornada,
Bolivia Martes 21, septiembre 2004
Tiwanaku, (EFE)
El
hallazgo de restos humanos y de animales sacrificados
en rituales en la antigua ciudad de Tiwanaku y de la escalinata
de acceso a la pirámide de Akapana son los primeros
logros de las excavaciones iniciadas en la localidad del
altiplano andino de Bolivia.
Así lo reveló el equipo
de arqueólogos que el mes pasado comenzó
a desenterrar la pirámide, que es considerada el
monumento bajo tierra más grande de ese complejo
arqueológico, situado a unos 71 kilómetros
al oeste de la ciudad de La Paz.
Para el jefe de la Dirección de Arqueología
de Bolivia, Javier Escalante, se trata de descubrimientos
que arrojan importante información sobre la arquitectura
tiwanacota y los ritos de sus habitantes.
CIVILIZACIÓN
Tiwanaku fue una de las civilizaciones de mayor vida en
tiempos prehispánicos, aproximadamente entre el
1500 antes de Cristo y el 1172 de nuestra era, y tuvo
una significativa expansión regional desde el altiplano
boliviano, según los arqueólogos.
Los expertos creen que los restos humanos encontrados,
entre ellos dos cráneos que muestran deformaciones
inducidas, son fruto de los sacrificios que se realizaban
al pie de la pirámide.
“Se trata sobre todo de sacrificios, porque están
desmembrados, muchos están descabezados o les han
cortado los brazos”, dijo Escalante, quien recordó
que en excavaciones anteriores también se descubrieron
huesos de cadáveres aparentemente descuartizados.
La otra hipótesis es que se trata de restos que
fueron desenterrados y vueltos a sepultar al pie del monumento.
Por otro lado, la escalinata restaurada por el joven arqueólogo
Ludwing Cayo y su equipo, tiene siete niveles, un atrio
pequeño en forma de “U”, y promete
convertirse en uno de los nuevos atractivos del sitio,
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2000.
En el lugar se espera descubrir la continuación
de la escalinata y, a sus pies, los pedestales con dos
figuras líticas que pueden ser “chachapumas”
(con forma de felino) y que se cree que custodiaban la
entrada al edificio religioso.
La cantidad de escalones, siete, coincide con el número
de plataformas que tuvo la pirámide, con el de
las gradas de acceso al Templete Semisubterráneo
y con las del Templo de Kalasasaya, los otros dos edificios
notables de las ruinas.
La obras permitieron descubrir nuevos muros de la construcción
piramidal, sistemas de desagüe, puntas de flechas,
conchas de caracol, huesos humanos y de camélidos,
cuñas talladas en piedra con precisión,
restos de cerámica tiwanacota e inca y un fogón
colonial, entre otros.
Los centenares de objetos están siendo clasificados
con la ayuda de trabajadores indios aimaras de la misma
comunidad de Tiwanaku, algunos de los cuales, como César
Calisaya o Sixto Cruz, aseguran haberse convertido durante
varios años en arqueólogos empíricos.
DESMANTELAMIENTO
Los trabajos confirmaron que parte de la pirámide
“ha sufrido mucho desmantelamiento, casi en un 60
por ciento”, por los saqueos de tesoros durante
la colonia y su uso como cantera para levantar casas y
templos en la región.
Por esto, según Escalante, es imposible rehabilitar
todo el edificio, cuyas dimensiones originales fueron
calculadas en 182 metros de ancho por 194 metros de largo
y una altura de 18 metros, pero que ahora semeja una colina
por el derrumbe de sus pilares.